Fue un día extraordinario, en el que disfrutamos muchísimo y el tiempo nos acompañó durante toda la Jornada.
Nada más llegar nos dividieron en grupos, para realizar los diferentes talleres.

Llegó la hora de la comida. Después de una mañana granjera, tuvimos que reponer fuerzas y comer los suculentos manjares que nuestras familias nos habían preparado.

Fue un momento que estábamos esperando desde que llegamos a la granja.
Y como todo lo bueno se acaba, llegó el momento de la despedida… pero nos queda el recuerdo de un día extraordinario.